a vivir eternamente atrapada,
en tan lindo vuelo, sobre las alas
del sueño y la alegría, mi dulce amada.
Y el observar tu carita angelical,
entregada a tan grácil devoción,
es algo mucho más dulce y celestial,
que el propio sabor de la ilusión.
Y ruego llegue tarde la alborada,
y que vivas por siempre encarcelada,
en el valle de los sueños sin final.
Me gustas cuando duermes linda niña,
me gustas porque sueñas con campiñas…
y de sueños tu vida, es un manantial.
